Apuesto a que esta no os la esperabais, apañeros y apañeras visionarios. Un año de blog ha sido suficiente para darme cuenta de que debo priorizar otra serie de asuntos que, para ser franco, me daba miedo afrontar. En cierto sentido, el blog ha sido una excusa inconsciente para no afrontarlos. Una excusa que se ha prolongado durante un año. No es moco de pavo.
No voy a decir que no haya disfrutado este tiempo, porque sería mentira. Como medio de expresión es bastante cómodo, y como sustitutivo del psicoanálisis, mucho más barato. Pero ha llegado el momento de coger al toro por los cuernos, ponerse los huevos por montera y dejar las distracciones a un lado. ¿Es esto el final de Visiones de John Nada? Bueno, es un final, aunque no sé si el final. Lo que sí es seguro es que en unos cuantos meses no habrá actividad alguna por estos lares. No sé si me explico. Si en algún momento esta forma de ver las cosas les fue de aprovechamiento y/o disfrute, lo celebro. Nunca tuve mayores pretensiones que pasar el rato. El hecho de que haya podido servirle a alguien más para lo mismo, me congratula. Dense todos por abrazados. Y por lo que más quieran: traten de serme felices.
Get out the way Cause I'm getting mine This is the beginning
Quién lo iba a decir. Estamos de aniversario. Hoy hace un año exacto que empecé a hacer el gilipollas de manera soberana con esto del blog. Asqueado como acabé de mi larga etapa en EyB_Web, con un arraigado hábito de escritura diaria, pero sin rumbo ni forma saludable de canalizar la energía que había venido desperdiciando en ese tiempo. No es que hayamos mejorado mucho desde entonces, en lo que al rumbo se refiere, las cosas como son. Así que, esto no es tanto una celebración en plan onomástica, como un autollamamiento al orden. Isra, tronco, céntrate. Que ya te huele.
Y vaya si me voy a centrar. Ya estoy en ello, de hecho. Por lo menos, puedo decir que me he divertido más de lo esperado en todo este tiempo. Y parece que alguno de los que por aquí recalan de cuando en cuando, ha sentido algo parecido. Hay balances peores.
Tracklist: 1. Ojos Cerrados de Par en Par 2. La Inercia 3. Epifanía 4. El Horizonte 5. Miro Al Sol 6. Sol Invicto 7. Si Quiero Decir No
Vamos a jugar a imaginar. Tú y yo. Imagina un grupo de músicos de lo que podríamos llamar “rock alternativo nacional”. ¿Tienes la imagen? Ya, lo sé. Sé que es difícil conjugar los conceptos “rock alternativo” y “nacional” en una misma frase, visto el panorama de hoy en día en nuestra piel de toro, pero inténtalo. Concéntrate. Bien, ahora imagina que este grupo de músicos lleva tres lustros currándoselo y mejorando en lo suyo, fuera de los circuitos de distribución al uso, a más de 700 km de tu casa y sin que tú hayas tenido posibilidad real de contacto con ellos, de modo que su música es para ti una total desconocida. Imagina también que alguien cercano a ti, que te conoce muy bien, te pone uno de sus discos en la mano y te dice “te van a encantar”. Y tú escuchas la placa con todas las reservas del mundo, pero lo haces. Y, en efecto, te encanta. Es lo que me pasó a mí en su momento con los valencianos Morgana vs. Morgana.
El disco que me pusieron en la mano fue “Nébula”, su anterior trabajo, y ya entonces escribí algo comentando lo que me parecía. El pasado 24 de octubre, MvsM sacó a la venta su nuevo trabajo, este “Sol Invicto”, que debo decir es mejor aún que el anterior y me ha tenido obsesionado en el buen sentido. Me hicieron llegar un ejemplar dedicado, por la patilla, en cuyo digipac aparecen escritas a mano las palabras: “Para el amigo John Nada, con nuestra gratitud más sincera. Carlos ’09. MVSM”. Te cuento esto para que te des cuenta, tú que me lees, hasta qué punto han cambiado los tiempos y cómo las redes de información funcionan casi como un ente vivo. Yo no soy John_Nada. Soy Israel Sánchez, de toda la vida de dios. Nacido, criado y residente en Valladolid. Como Israel, probablemente nunca habría tenido acceso a la música de MvsM, porque lo más seguro es que nuestros caminos (Valladolid-Valencia son un chorro de horas en coche o tren) no se hubieran cruzado. Afortunadamente, vivimos en la era de la información. Y John llega a donde Israel no lo hace. Curiosa, la vida.
“Sol Invicto” está editado con licencia Creative Commons, lo que asegura que su viaje por las redes de información tendrá innumerables ramificaciones. No os será difícil encontrar un enlace desde el que descargar el disco. Como por ejemplo, este de megaupload. Además puede escucharse íntegramente en su web, o en su myspace. No exagero si digo que es el mejor disco de rock español con tintes progresivos del año, compacto, complejo y cargado de un intimismo hondo y duro. Pero en este caso prefiero limitarme a extender “la palabra” en la medida de mis modestas posibilidades, y dejar que cada cual se forme su opinión al respecto. John_Nada y yo, Israel, también sabemos ser agradecios. Y a los dos “Sol Invicto” nos parece la leche.
España. Año 2049. El tejido industrial ha desaparecido de casi todas las ciudades del territorio nacional, en un proceso que se ha venido gestando a lo largo de los últimos treinta años. Como consecuencia, la mayor parte de la población ha emigrado a los pueblos, en un “regreso a los orígenes” sin precedentes desde la llegada de la democracia. Sentada a la puerta de su casa en un pequeño pueblo de Castilla, la joven Silvia, de apenas quince años, escucha la conversación de su abuelo y sus vecinos, que se han reunido a la fresca, como todas las noches de verano desde que ella tiene memoria. Aunque el resto de sus amigas piensa ya más en los chicos del pueblo que en ninguna otra cosa, a ella le gustan esas reuniones espontáneas y prefiere pasar las noches escuchando a sus mayores, porque le permiten conectar con el pasado. Una época que, intuye, fue muy diferente de la que ella conoce.
Su abuelo la da una calada al cigarrillo y el rostro curtido se le ilumina por unos instantes. Es el único miembro de su familia que aún arrastra el vicio del tabaco desde los tiempos de su juventud. Para Silvia, eso hace de él un ser todavía más anacrónico, como los personajes de esas películas de armas y explosiones en ciudades de edificios enormes que le gusta ver en su arcaico reproductor Blue Ray, cada vez que el suministro de electricidad lo permite. Apenas una o do veces al mes. El abuelo suelta una bocanada de humo y empieza a hablar. Una vez más. Como siempre. Recuerda en voz alta su juventud en la ciudad. Había trabajo y por entonces no tenía mayor aspiración que salir por las noches a divertirse y gastar el dinero que tan poco parecía costarle ganar. Salvador, su vecino, confiesa que echa de menos aquello, pero, no obstante, matiza, tal y como están las cosas todos ellos pueden considerarse privilegiados, porque tienen acceso a agua potable durante cuatro horas al día, excepto los meses de verano, cuando las restricciones son más duras.
-¿Recordáis los años veinte? -pregunta el abuelo, alzando la mirada al cielo estrellado-. Cuando empezaron a desaparecer las empresas y los trabajadores no afectados miraron hacia otro lado, pensando que a ellos no les tocaría jamás.
Silvia se incorporó en su asiento, atenta. Una nueva historia se estaba gestando.
-A principios de siglo empezaron a bombardearnos con los ERE’s, que las empresas aprovecharon para hacer limpieza de personal y restricciones de contratos. Empresas que contaban con hasta 6000 trabajadores se deshicieron de más de la mitad de ellos, mediante bajas incentivadas, prejubilaciones o simplemente no renovando los contratos eventuales. Los agentes sociales, que antes se llamaban sindicatos, se limitaron a convocar alguna manifestación y a salir en la prensa y la televisión, mientras se repartían las migajas con las que el estado y las multinacionales les daban para mantenerlos así. Engordaban a base de subvenciones y cuotas de unos afiliados que lo único que querían de esos sindicatos era que les solucionaran algún problema puntual o hacer cursos de cata de vinos y hostelería, los muy gilipollas. Sin querer implicarse en asambleas, movilizaciones o simplemente darle un tirón de orejas a sus representantes cada vez que se bajaban los pantalones. Mientras, en toda Europa las multinacionales iban haciendo experimentos. Destruyendo derechos y empleo sutilmente, allanando el terreno allí donde la mano de obra era más barata y los beneficios mayores para los accionistas. -La verdad es que lo entiendo -terció Salvador-. Miraron por lo suyo y lo hicieron sin que les temblara el pulso. -Sí -admitió el abuelo-. Pero a nosotros nos jodieron bien. Y cometieron un error de bulto. -¿Cuál? -se sorprendió preguntando Silvia, presa de la ansiedad. El abuelo la miró a los ojos y sonrió, antes de darle la última calada al cigarrillo. -No se dieron cuenta de que los productos que fabricaban después iban a tener que venderlos en los mismos países en los que habían destruido tanto empleo. Y si la gente no tiene dinero, no compra. -¿Y qué ocurrió?
-Que llegó un punto en el que el sistema se colapsó. Y cada uno se buscó la vida como pudo. Nosotros fuimos de los afortunados. Teníamos tierras en pueblos, heredadas de nuestros abuelos, y pudimos cultivarnos nuestra propia comida, aunque el proceso de volver a aprender todos esos conocimientos casi perdidos fue muy duro. Otros lo han pasado mucho peor. A nosotros aún no nos han alcanzado las matanzas, ni los disturbios.
Silvia trató de imaginarse cómo había sido todo aquello, pero no pudo. Vivía a poco más de 40 km de una gran ciudad, y nunca había estado allí.
-Cambiamos libertad por comodidad -sentenció el abuelo-, hasta que al final nos arrebataron incluso esto último. ¿Y sabes una cosa? Lo merecimos. Merecimos todo lo que nos hicieron, porque no hicimos nada por evitarlo.
O yo me estoy perdiendo alguna fase de la madurez, o a la peña del “intelné” le pasa algo, no sé. Parece que hoy día todo bloggero o comentarista de las webs especializadas en cine busque excusas para juzgar negativamente cualquier producto de entretenimiento que pase por delante de sus ojos. Aunque tenga una factura tan sobresaliente como la que hoy traigo. “Prince of persia: the Sands of Time”, producida por el todopoderoso Jerry Bruckheimer, pero dirigida por MikeNewell (este tío un día se cascó “Donnie Brasco”, aunque ya nadie se acuerde de ello), muestra hoy su primer y espectacular trailer, vía IGN. Y qué quieren que les diga, como flipamiento CGI con hostias, coñas y romance típico aventurero, tiene una pinta estupenda. Vean, vean.
Para ponerla a parir antes de verla ya no me vale el argumento de que tiene pinta de ser una película descerebrada y, por ende, detestable. “Piratas del Caribe” era exactamente igual y nos la comimos todos con patatas, incluidos la mayoría de los que ahora dicen que “Prince of Persia” tiene pinta de truño. Algunos de ellos aplaudieron la primera entrega de las aventuras de JackSparrow (la saga es él, y punto) hasta con las orejas, y se tragaron las momias de Stephen Sommers con sumo gusto. Servidor sigue prefiriendo una de aventuras como las de toda la vida, a ser posible realista y con personajes bien trabajados dentro de su necesario arquetipo (véase “Rob Roy” o “Gladiador”, sin ir más lejos), pero a estas alturas de la vida, si la cosa va de flipar al personal con infografía del copón y piruetas de videojuego (por una vez, aquí la cosa está justificada), pues me cambio el chip, me siento en la butaca y pienso “ahí lo llevas, tronco”. A comer palomitas, qué cojones.
¿Podrá Jake Gyllenhaal, actor cojonudo donde los haya (“Cielo de Octubre”, “Zodiac”) retomar el testigo del carismático Johnny Depp en lo que a taquilla y poderío franquiciable se refiere? Probablemente no, pero el sobresaliente trabajo artístico de la Disney a la hora de recrear la Persia fantástica bien merece una entrada. Y no es por nada, pero Gemma Arterton tiene un primer plano "del cagalse".